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Los
Centros Marianos por la Paz, tienen como finalidad: "Conocer
y amar a la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios y
de la Iglesia y hacerla conocer y amar a los demás, con todo
lo que esto significa".
Las personas que los integran suelen partir de una experiencia vital
con la Reina de los cielos y tierra, que los lleva de la mano a
Jesús en unión con el Espíritu Santo y en comunión
con la Iglesia.
Poco a poco, a través de formación y enseñanza
van descubriendo el puesto que Dios Padre le ha asignado desde toda
la eternidad a "La llena de Gracia" en la historia de
la salvación, profundizando en las sagradas escrituras y
la doctrina de la Iglesia, especialmente el Vaticano II Marialis
Cultus del Papa Pablo IV y la Redemptoris Mater de Juan Pablo II.
Considerando que esta es una "hora especial" en reloj
de la historia, "Profetizada" por San Luis María
Grignon de Monfort. No hay duda que en estos tiempos, la Santísima
Virgen María hace sentir su preocupación maternal
en vista a la salvación de la humanidad. "Esta es la
hora de María" Puebla N° 303).
No pocas veces se ha hablado de la Virgen María, sin tomar
en cuenta la acción del Espíritu Santo. Así
mismo muchos hablan del Espíritu Santo sin relacionarlo con
"su templo y Sagrario" que es la madre de Jesús.
Los
centros tienen la misión de "Marianizar" la Iglesia,
así como la renovación en el Espíritu tiene
la misión de renovar acción y carisma.
Ha llegado la hora en que se "Marianice" la renovación
en el Espíritu y la Iglesia, al mismo tiempo se reúne
en el Espíritu de la Devoción Mariana y todo el pueblo
de Dios, pero sin separar lo que Dios ha unido y siempre en vista
de Jesucristo, que nos es dado por el Padre como salvador a través
de la unión del Espíritu Santo y la Virgen Madre.
"Esta es la hora de María, tiempo de un nuevo pentecostés,
que ella preside con su oración, cuando bajo el fluido del
Espíritu Santo, inicia la Iglesia un nuevo trance en su peregrinar.
Que María sea en este camino "Estrella de la Evangelización
siempre renovada" (Puebla N° 303).
Los Centros Marianos no son como tal un movimiento más, sino
una corriente renovadora de Espiritualidad Mariana dentro de la
Iglesia de quien la Virgen María es modelo de figura (Santo
Domingo N° 163). Son instrumentos y canales en manos de la madre
y del Espíritu Santo, para llevar a toda la humanidad a Jesús
y única fuente de paz para los corazones y para esta humanidad,
sumergida en tanta violencia y confusión.
Por eso los centros no tienen fundador sino UNA INSPIRADORA: La
Santísima Virgen María. No tienen estructura rígida,
ni reglamentos o constituciones, porque son el mismo Cristianismo
vivido con María y por María.
EL CLIMA QUE NOS ACOMPAÑA SE PODRÍA RESUMIR EN VARIOS
PUNTOS:
1.- Profunda y permanente oración (personal, en familia y
comunitaria).
2.- Renovación de la fe, que sea viva y operante.
3.- Continúa llamada a la conversión de corazón.
5.- Valoración del ayuno y penitencia cristiana con un gran
amor a la cruz gloriosa de N.S. Jesucristo.
6.- La paz de los corazones, de las familias y del mundo, son un
gran anhelo.
7.- Promover al AMOR A LA VIDA en esta "cultura de la muerte"
(Juan Pablo II.
8.- Los centros se presentan a cada obispo, sucesor de los apóstoles
y signo de unidad, a quien respetan y obedecen en todo y colaboran
en el servicio de la pastoral diocesana, desde su identidad Mariana.
9.- Cualquier iniciativa inspirada por el Señor y por las
necesidades de la comunidad puede llevarse a cabo el manto de la
Santísima Virgen María. Especifico algunas actividades
de algunos centros de paz:
• Celebración Eucarística mensual por la Paz.
• Evangelización con videos, cassettes, periódicos,
programas de radio, etc. • Promoción de la literatura
Mariana: estampas, rosarios, libros, etc. • Preparación
de congresos, encuentros y retiros espirituales y peregrinaciones.
• lucha a favor de la vida y en contra del aborto.
• Formación de grupos de oración.
• Realización de cenáculos.
• Promoción de ayuda a los necesitados.
• Iniciativas con los presidentes de cada país en casos
concretos para buscar la paz.
• Brindar las armas espirituales en la lucha contra el mal,
(el demonio) y el pecado.
• Iniciativas para ayudar a los niños como son los
"Los amigos de Jesús y María", "Nidos
de amor", donde se consagran a la Virgen y se les impone el
Santo Rosario y se les ayuda a perseverar.
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PARTES
DEL ROSARIO
1. La Señal de la Cruz.
2. El Credo de los Apóstoles.
3. El Padre Nuestro.
4. En las próximas tres cuentas el Ave María.
5. El Gloria.
6. Anuncio del Primer Misterio y el Padre Nuestro.
7. En las próximas diez cuentas el Ave María.
8. El Gloria.
9. Anuncio del Segundo Misterio y el Padre Nuestro, etc.
10. El Salve a María y el ¡Oh, Jesús Mío!.
LAS ORACIONES DEL SANTO ROSARIO
LA SEÑAL DE LA CRUZ
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén. |
EL
CREDO
Creo en Dios Padre, Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra.
- Y en Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor; que
fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; y nació
de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio
Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a
los infiernos; al tercer día resucitó de entre los
muertos; subió a los cielos y está sentado a la diestra
de Dios Padre Todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar
a los vivos y a los muertos. - Creo en el Espíritu Santo,
en la Santa Iglesia Católica; la Comunión de los Santos;
el perdón de los pecados; la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.
EL PADRE NUESTRO
Padre Nuestro, que estás en el cielo, Santificado sea tu
Nombre. Venga tu reino, hágase tu Voluntad, en la tierra
como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona
nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que
nos ofenden. No nos dejes caer en tentación, y líbranos
del mal. Amén.
EL
AVE MARÍA
Dios te salve, María; llena de gracia: el Señor es
contigo; bendita eres entre todos las mujeres; y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios y
Madre nuestra, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén.
EL GLORIA
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en
un principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
¡OH, JESÚS MÍO!
Oh! Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos
del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente
a las más necesitadas de Tu Misericordia. Amén.
LA SALVE
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia. Vida, dulzura y esperanza
nuestra. A tí llamamos los desterrados hijos de Eva. A tí
suspiramos, gimiendo y llorando en este valle lágrimas. Ea,
pues, Señora, abogada nuestra; vuelve a nosotros esos tus
ojos misericordiosos. Y después de este destierro, muéstranos
a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡ Oh clemente!,
¡Oh piadosa!, ¡ Oh dulce, siempre Virgen María!.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos
de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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