Reflexiones de un obispo del Asia Central sobre la Sagrada Comunión
La Sagrada Comunión no es sólo un momento convivíal de nutrición espiritual, sino que es también el encuentro personal más cercano posible en esta vida del fiel con su Señor y Dios.
La actitud interior más verdadera en este encuentro es la de la receptividad, la humildad, la infancia espiritual. Tal actitud exige de nuestra parte gestos típicos de adoración y reverencia. De ello tenemos testimonios elocuentes en la bimilenaria tradición de la Iglesia, caracterizada por los adagios "con amor y temor" (primer milenio) y "cuanto puedes, tanto osas" (segundo milenio). El autor narra también el ejemplo de tres "mujeres eucarísticas" del tiempo de la clandestinidad soviética, que él conoció. Estos testimonios pueden estimular e instruir a los católicos del tercer milenio acerca de cómo tratar al Señor en el augusto momento de la Sagrada Comunión.