
Mensaje
de Nuestra Señora Reina de la Paz
dado el 25 de Marzo de 2010

¡Queridos
hijos! También hoy deseo llamarlos a todos a que sean fuertes
en la oración y en los momentos en que las pruebas los asalten.
Se habrá notado que esta última transcripción
no es fiel al texto de arriba. En efecto, en la versión castellana
oficial se lee "tentaciones" y aquí he puesto "pruebas".
La razón no es caprichosa ni mucho menos polémica.
Ocurre simplemente que escuché la versión italiana
de boca de la misma Marja (la vidente que recibe el mensaje del
25) y ella dijo "prove" o sea pruebas y no "tentazioni",
que sería tentaciones. Sabemos que las palabras en los distintos
idiomas pueden tener más de una acepción. Así
por ejemplo, me han dicho que los verbos "invitar" y "llamar"
se designan en croata con la misma palabra. Por esto, si la vidente,
que conoce bien el italiano, dijo "pruebas", elijo ese
término para la reflexión. Y lo escojo porque, como
se verá más adelante, la diferencia es notable. Prueba
y tentación no es lo mismo. La prueba puede incluir la tentación
por extensión pero va más mucho más allá
de ella. Esto lo experimentamos cuando hay situaciones que padecemos
y a las que no nos hemos sentido atraídos.
Las pruebas son una suerte de poda necesaria que Dios nos hace o
que permite para nuestro crecimiento. Al reprobable uso de la libertad
que el hombre pueda hacer -o sea la de elegir el mal- Dios le opone
la gracia que permite revertirlo en bien. Y cuando se habla del
mal, éste se refiere tanto al que la persona comete contra
otros y contra sí misma o al que padece en cuanto víctima
de otros.
Para poder soportar las pruebas y pasar por ellas, necesario es,
de necesidad imprescindible, la oración. Todos necesitamos
de la oración porque por ella el Espíritu Santo nos
da fortaleza, porque por ella disponemos nuestra vida a la unión
con Dios, porque por ella dialogamos con nuestro Señor y
Salvador. Todos necesitamos orar. Tanto el que se sabe débil
como el que se considera fuerte necesitan de la oración para
soportar y no ser abatido por las pruebas. Nuestra fuerza está
en Jesucristo y a Él llegamos por la oración. Por
eso, la Santísima Virgen nos pide ser fuertes en la oración,
es decir, tomárnosla muy en serio. Porque mediante la oración
resistiremos los asaltos y saldremos fortalecidos en la fe y en
el amor, que es lo que cuenta.
Entonces, porque fuertes en la oración, o sea perseverantes
y serios en el empeño, seremos fuertes en las pruebas.
Vivan en alegría y
en humildad su vocación cristiana y den testimonio a todos.
Parecería que las siguientes palabras de san Pedro Damián
hicieran eco a las de este mensaje. Decía el santo:
"Mientras eres castigado con golpes y por la corrección
de Dios, no te desalientes, que no se te escape el lamento de la
murmuración. Que la amargura de la tristeza no te envuelva
por completo, que la pusilanimidad no te vuelva inquieto.
Que reine siempre la serenidad en tu rostro, y la alegría
en tu corazón y resuene en tu boca el agradecimiento.
Es necesario, en efecto, alabar el plan divino que golpea momentáneamente
a los suyos con el fin de sustraerlos a los flagelos eternos. Deprime
para elevar, corta para curar, derriba para sostener".
Vocación y misión van unidas. La misión sigue
a la vocación. Es el Señor quien llama mediante su
gracia. Es la gracia del llamado que antecede a la gracia de la
respuesta. Lo primero que Jesucristo nos dice, aún hoy, es
"ven", "vengan a Mí" (Cf. Mt 11:28).
Luego nos envía: "Vayan..." (Cf. Mt 18:29). Nos
manda ir al mundo para predicar la Buena Nueva, que es también
la de dar testimonio que somos de Cristo, que tenemos su impronta,
la del bautismo, la señal con que nos marca el Espíritu
Santo y que sólo en Cristo encontrará el mundo la
salvación. El testimonio de vida es fundamental porque el
buen cristiano es aquel que muestra la gracia que obra en él,
que refleja a su Señor en tanto ama, perdona, es misericordioso,
humilde y vive la dicha de la Resurrección.
Durante las pruebas es cuando se dan los más elocuentes y
grandes testimonios del señorío de Cristo sobre nuestras
vidas. Cuando ante la adversidad se sufre con alegría se
da testimonio veraz y contundente de la gracia que nos asiste y
nos lleva a superar las dificultades.
Estoy con ustedes y los llevo
a todos ante mi Hijo Jesús, Él será para ustedes
fuerza y apoyo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!
Es oportuno recordar que si la Santísima Virgen se vuelve
centro de atención es siempre para llevarnos a su Hijo, nuestro
Señor. La razón misma de su venida y de su permanencia
en Medjugorje y en todos los otros lugares donde verdaderamente
ha aparecido, ha sido para llevarnos a Jesucristo. La Madre de Cristo
es la misma Madre de la Iglesia que reúne a los hijos dispersos
para que encuentren al Salvador. Ella jamás ha de interferir
con la obra ni la presencia del Señor. María nos lleva
a la comunión con Dios y entre nosotros, es decir, a ser
Iglesia. María nos lleva a la Eucaristía y a la adoración.
María es nuestra Madre que quiere para nosotros lo mejor,
y lo mejor es la unión con Jesucristo. En Él y sólo
en Él encontramos nosotros el sostén de nuestras vidas
y las fuerzas para seguir caminando en este peregrinar hacia el
Cielo.
No deseo concluir sin una
última reflexión que juzgo muy importante. La Santísima
Virgen, Reina de la Paz, nos acaba de dar un mensaje que es, sin
duda alguna, personal, porque Ella es Madre de cada uno de nosotros.
Pero, también es Madre de la Iglesia Universal y como Madre
de la Iglesia nos está también advirtiendo acerca
de las pruebas. Pruebas que, por otro lado, están ya a la
vista de quien quiera ver. La Iglesia está siendo perseguida
en todas partes. La Iglesia de Cristo está pasando por un
tiempo particular de pruebas y todo hace pensar que éste
sea sólo el inicio.
Se están desatando campañas mediáticas contra
sacerdotes y religiosos aprovechando escándalos para manchar
con ellos a todo lo que es católico. Y ahora están
disparando contra el Papa. Es la cabeza visible de la Iglesia lo
que les interesa. La intención es, como reciente lo escribió
la historiadora Elizabeth Lev (1), destruir la fuerza moral de la
Iglesia Católica.
Por parte de los grandes medios vemos que hay una suerte de indignación
selectiva, como lo denunció el Arzobispo de New York, por
la cual se magnifican los escándalos, siempre abominables
por cierto, que se dan en el seno de la Iglesia Católica,
mientras se pasa por alto los de otras proveniencias religiosas
o de grupos. Si se trata de algún miembro eclesiástico
entonces va con grandes titulares y en primera página o en
páginas importantes, sino es una pequeña noticia en
el interior del periódico o ni se menciona si es un telediario.
Por otra parte, llama poderosamente la atención que las masacres
perpetradas contra cristianos en la India, en Nigeria, en Pakistán
y las graves persecuciones en Egipto, para poner sólo algunos
ejemplos recientes, no sean noticia.
Luego, la "noticia" que se ha hecho resaltar, muchas veces
falsa o provocadamente distorsionada, es tomada por otro medio y
el eco se va ampliando y magnificando hasta alcanzar prontamente
entidad mundial. Un ejemplo paradigmático es lo que está
ocurriendo con el New York Times que, en pocos días ha lanzado
una feroz campaña contra el Santo Padre. Así, siguiendo
tesis preconstituidas y ordenadas con el fin de atacar a la figura
del Papa, ha forzado los hechos más allá de todo límite
de mínima veracidad y razonabilidad. Tal determinación
y tendenciosidad no puede más que dejar estupefacto, ya no
a cualquier católico sino a cualquier persona intelectualmente
honesta. Sin embargo, ellos saben muy bien qué hacen porque
la mayoría de la gente no se cuestiona lo que lee o escucha
en los medios. Muchos sólo ven los titulares y son incapaces
de analizar. Entonces queda aquello de Goebbels: "miente, miente
que algo quedará, mientras más grande sea una mentira
más gente lo creerá".
Entonces, este mensaje también se aplica muy especialmente
ahora que la Iglesia y el Santo Padre en particular, como su cabeza
visible, están bajo una gran prueba, bajo ataques que presagian
tiempos muy duros. Ahora como nunca antes, cuando el círculo
perverso quiere cerrarse en torno a la Iglesia de Cristo, nosotros
debemos cerrar el círculo de la oración y de la adoración
en torno a Cristo para preservar a nuestro Papa, para que Dios le
dé fortaleza a él y a todos nosotros con y junto a
él.
La guerra, en verdad, es contra Cristo. Sabemos, es nuestra confianza,
la de nuestra fe, que la victoria es siempre del Señor. "Ellos
pelearán contra el Cordero y el Cordero los vencerá,
porque él es Señor de Señores y Rey de Reyes
y los que están con él son llamados, escogidos y fieles
(Ap 17:14).
P. Justo Antonio Lofeudo
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